1. Los romanos ya criaban conejos hace más de 2,000 años y los consideraban un alimento de lujo. Incluso los tenían en recintos llamados leporaria, donde seleccionaban las mejores especies para consumo.
2. Durante la Edad Media, los monjes fueron quienes perfeccionaron su crianza, porque se les permitía comerlo en Cuaresma al considerarlo “pez de tierra”. Así comenzó su fama en la alta gastronomía francesa.
3. En el siglo XVIII, el conejo era símbolo de sofisticación y buena mesa en Europa. Aparecía en banquetes reales y luego se popularizó como carne cotidiana en Italia, España y Francia.
4. El nombre científico del conejo —Oryctolagus cuniculus— viene del latín “cuniculus”, palabra usada por los romanos para describir los túneles que cavaban los conejos ¡en la Península Ibérica! Por eso España fue considerada la cuna del conejo doméstico.
5. En el siglo XVI, médicos franceses ya recomendaban la carne de conejo para “fortalecer el cuerpo sin sobrecargarlo de grasa”. Hoy sabemos que tenían razón: es una de las carnes con mejor balance entre proteína y grasa.
6. En muchas culturas (desde los aztecas hasta los chinos), el conejo representa vida, fertilidad y prosperidad. Por eso aparece incluso en símbolos zodiacales y festividades.
7. Restos arqueológicos en España y el sur de Francia demuestran que los humanos ya cazaban y cocinaban conejo hace más de 10,000 años. Fue una de las primeras fuentes de proteína magra del Paleolítico.